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29.6.11

Otra de arte y cine: John Waters

Formó parte del jurado de la presente edición de la Bienal de Venecia, lo que le ha situado en el más activo centro de influencia en el mundo del arte. No es un recién llegado: lleva muchos años exponiendo sus fotografías en importantes galerías de varios países, desde que en 1995 lo hiciera por primera vez en American Fine Arts. Hace ahora una década pudimos ver una selección de su obra en la Galería Marta Cervera pero no ha vuelto a exponer, que yo sepa, de forma individual en España. Es más conocido, claro está, en el mundo del cine: director de 16 películas y actor en 24, en su producción hay títulos míticos como Pink Flamingos o Hairspray. Su última película, A Dirty Shame (Los sexoadictos) es de 2004, lo que hace suponer que en la actualidad está mucho más volcado en el arte contemporáneo que en el cine. Sigue, eso sí, actuando de vez en cuando, lo que debe reportarle parte de los muchos dólares que invierte en su propia colección de obras de arte. El año pasado, además, publicó un best seller, Role Models, en el que escribía sobre su vida y sobre sus referentes estéticos y vitales, incluyendo un capítulo sobre su dedicación al arte. (Puede escucharse esta entrevista en audio sobre su libro y la reproducción de un capítulo).

En septiembre de 2009 la revista británica Modern Painters le dedicó su portada. En su interior, Lawrence Levi revelaba algunos detalles de esta colección. Si se preguntan si el John Waters artista y coleccionista tiene el mismo gusto (deliberado mal gusto) que vierte en sus películas la respuesta es: sí. A Waters le interesa el arte feísta, chocante, que te “hace naufragar” y que “te odia”, como dice en una vídeo-entrevista en la que revela sus motivaciones para acercarse al arte. Para hacerse una idea, baste saber que en su dormitorio hay, entre otras cosas, una pintura de Jess von der Ahe, que pinta con su sangre menstrual; en el baño, un Mike Kelley que “ahuyenta” a los visitantes, un Batman gay de Mark Chamberlain y una pintura hecha con las tetas de Brigid Berlin. Se mencionan también obras de Warhol, de Cindy Sherman y de Diane Arbus.

Sus propias obras fotográficas son menos salvajes que su cine (y al parecer que su colección): recurre a menudo al collage y a la modificación de lo que parecen fotogramas de películas clásicas pero son fotografías que hace de la pantalla de su televisor para crear nuevos story boards que subvierten la imagen idealizada de las estrellas y de la narrativa hollywoodiense. Las llama “my little movies”. Se siente, como apropiacionista, cerca de Richard Prince, John Baldessari y Sturtevant. Su cima como artista la coronó cuando inauguró, en 2004, una exposición en el New Museum de Nueva York, bajo la dirección de Dan Cameron. Aunque tampoco estuvo mal cuando, en 2008, expuso simultáneamente en la Marianne Boesky Gallery de Nueva York y la Gagosian Gallery de Beverly Hills. A mí me parece bien lo que hace, aunque el éxito alcanzado sea seguramente exagerado, debido sin duda a su popularidad mediática.

John Waters: Smoking children (2009)

 

Ahora debuta como comisario en el Walker Art Center de Minneapolis. Su cometido ha sido “revitalizar” el nuevo montaje de la colección permanente, Event Horizon, inaugurado hace dos años. El mencionado capítulo sobre arte en su libro se titulaba Roommates (compañeros de habitación) y es así como ha considerado las obras que ha manejado a su antojo. Como personajes. Su rol: el de Absentee Landlord (casero ausente), título de la exposición. Este asunto de la “personalidad” es esencial. Waters es un tipo carismático y simpático que conoce el arte actual (no digo que tenga el mejor criterio, que no lo sé, sino que lo conoce) y el Walker Art Center ha sabido sacar provecho de ello. Lo ha convertido en el protagonista indiscutible: su intervención en la colección, sus propias obras en la exposición, una grabación de audio en la que comenta algunas obras en “Pig Latin” (juego de niños en el que se intercalan palabras) y se puede descargar en el móvil, otra grabación sonora de coches estrellándose que se reproduce en el aparcamiento, no sé qué cosa que ha hecho en los baños, una edición fotográfica de un plato con carne cruda que se vende en la cafetería a 150 dólares, un monólogo, un vídeo promocional y un gran retrato suyo en la fachada del edificio.

“Pasen y vean”. Waters hace de feriante, de showman que presenta las obras elegidas por su mirada estrafalaria (lo que no quiere decir que las obras sean estrafalarias; las hay muy serias y sólidas). Atrae a nuevos públicos y es divertido. Por una vez.

El vídeo promocional:

 

Absentee Landlord reúne obras de la colección, de Mike Kelley, Carolee Schneeman, Robert Gober, Richard Artshwager, Jack Pierson, Willem de Kooning, Cindy Sherman, Wolfgang Tillmans, Cameron Jamie, Sturtevant, y John Currin, varias obras del propio Waters y una selección de trabajos de algunos de sus artistas favoritos como Gregory Green, Ralph Eugene Meatyard y Karlheinz Weinberger.

Recorrido por la exposición, en dos partes:

 

 

Su última exposición como artista: http://www.arthurrogergallery.com/dynamic/artist.asp?ArtistID=49

Jonn Waters en El Cultural: entrevista con motivo del estreno de Cecil B. Demented

16.5.11

Ponga un museo pío en su programa

Publicado en el blog Y tú que lo veas, en www.elcultural.es

Habrán notado que en estos días se habla y se escribe mucho sobre museos. El 18 de mayo será su Día Internacional, que empezó a celebrarse el pasado sábado con la Noche de los Museos, concebida para atraer nuevos públicos. Son fechas que se aprovechan para recordar las carencias de unos, cuestionar la pertinencia de otros, quejarse de que hay demasiado público o lamentar que no entra a las salas ni un gato, según la perspectiva del comentarista. Hablamos en general de museos, cuando hay muchos tipos, con funciones, dimensiones y problemáticas muy diferentes. Es un asunto sobre el que se frivoliza y sobre el que todo el mundo quiere opinar. Y que se presta a menudo a la instrumentalización: no interesa el museo como lugar de conocimiento o de encuentro con el arte sino como foco de atracción turística o eje de renovación urbana.

Estamos en campaña electoral para las elecciones municipales y autonómicas y los candidatos se aprestan a disipar cualquier debate en este sentido con promesas de más museos, a los que se confía la recuperación económica de pueblos y ciudades. Escuchamos, allá donde pongamos la oreja, la gran mentira: "la cultura es el eje de mi proyecto". Ya hemos visto en los últimos tiempos lo mucho que interesan la cultura, las artes, a los responsables políticos. Y lo que va a venir después de las elecciones... No habrá piedad. Mas eso será mañana; hoy, los periódicos nos traen cada día el anuncio de un museo, sea de lo que sea. Durante años hemos vivido el sarampión de los museos y centros de arte contemporáneo, que va remitiendo. No soy de los que creen que se hicieron más de la cuenta, aunque algunos no se construyeron en el lugar conveniente o con las dimensiones adecuadas. Sigue habiendo ciudades medianas sin un lugar estable en el que promover y conocer la creación actual, y es una falta que habrá que cubrir en el futuro. No será pronto: he seguido en las últimas semanas las ofertas electorales de los candidatos y me ha sorprendido que ya no se percibe esa pasión súbita por el arte actual. El efecto Guggenheim se ha enfriado. Ahora lo que peta es... ¡el museo de la Semana Santa!

13.5.11

Código deontológico del Instituto de Arte Contemporáneo


Dong Wensheng

Estilo de agua

Gao Magee Gallery, Madrid
Publicado en El Cultural

Ma Yuan, fabuloso paisajista chino que vivió entre los siglos XII y XIII y trabajó para la corte imperial, realizó una serie de doce pinturas que representan el agua en diferentes momentos del año y situaciones atmosféricas, conservadas en el Museo del Palacio en Pekín. En ellas, las olas se dibujan de manera estilizada mediante una profusión de líneas ondulantes sometidas a patrones geométricos. Como “doce estilos de agua”, los describe Dong Wensheng (Jiangsu, 1970), que ha hecho una emocionante interpretación de los mismos a través de fotografías en blanco y negro de parajes actuales. En largas exposiciones, al anochecer, evoca esas pinturas medievales mediante líneas dibujadas con luz sobre el agua. El homenaje al paisaje tradicional, en composiciones y elementos como el pino solitario, la isla o la cascada, se compagina con otros que hacen referencia a la China de hoy, como el puente de Nanjing sobre el río Yangsté o las vestimentas de los hombres que miran el agua “esperando al viento”.

Dong Wensheng ha trabajado de manera obsesiva sobre algunas imágenes arquetípicas, como la roca y el esqueleto, siempre relacionadas con nuestra inserción, mediatizada por la cultura, en la naturaleza. El único vídeo de esta exposición -con la que Magee confirma su inteligente apuesta por el artista, poco conocido fuera de China y con una carrera discreta- sigue a una tortuga que emerge del agua con una roca, precisamente, a la espalda hasta que llega al lugar en que se lanza una nave espacial. Alucinante encuentro. Muestra además algunos ejemplos de la serie Escenarios de segunda mano, en los que reconstruye -otra “recreación”- fotografías de paisaje compradas en rastrillos. No son divertimentos artísticos; Dong Wensheng es un buceador.

5.5.11

Videoarte a la carta

Publicado en el blog "Y tú que lo veas", EL CULTURAL


¿Por qué hay, todavía, tan pocos vídeos artísticos disponibles para su visionado online? Los pioneros del vídeo pensaron que sería el formato que posibilitaría el acceso universal al arte, a través de la televisión. Ahora que - muerta la televisión para la cultura- la banda ancha se ha popularizado sería el momento de que ese anhelo se hiciera realidad. Pero mientras que en otras formas de creación, cine y música, se trabaja para hacer compatibles los derechos de propiedad intelectual y la distribución masiva, en el videoarte no se está reaccionando de la misma manera. Es verdad que no contamos en las artes visuales con un número de consumidores comparable al de esos otros contenidos culturales pero, como hemos comprobado en los museos y centros de arte contemporáneo, la oferta favorece la demanda. Ya hay muchísimos internautas que visitan las innumerables webs de museos y galerías; el videoarte escasea y es difícil de encontrar.

El mercado del arte ha impuesto unas férreas limitaciones a la reproductibilidad infinita de las obras de arte digitales, sobre todo a la fotografía y al vídeo. Evidentemente, el artista debe tener una compensación económica por su trabajo, y la venta a través de ediciones cortas, en galerías de arte, ha parecido hasta ahora el método más adecuado. El pirateo que hace estragos en otros ámbitos tiene poco futuro en éste. Muy pocas personas pueden comprar obras de videoarte; el mercado es comparativamente mínimo. Es verdad que el surgimiento, hace ya varias décadas, de las distribuidoras que alquilan obras de videoarte, o producen ediciones muy grandes o ilimitadas con precios lógicamente más asequibles podría haber posibilitado el intercambio o las descargas ilegales. Pero la realidad es que muy poca gente, más allá de los museos o centros de arte, debe alquilar los vídeos artísticos, porque lo que suele rodar por Internet no son copias de las copias legales sino vídeos realizados con los teléfonos móviles o malas cámaras en las salas de exposiciones. El modelo de la distribuidora, suponiendo un avance, resulta poco operativo en el contexto actual. Y no digamos en el del futuro próximo.

25.4.11

Arte en la calle: Se vende

El 11 de mayo se celebrará en Nueva York la Post-War & Contemporary Evening Sale de Christie's, una de las subastas que mayor expectación provocan en todo el mundo: por la importancia y el precio de las piezas que se ofrecen, por su valor como indicador de la salud del mercado del arte y por la cantidad de ricos y famosos que congrega. Desde hace unas semanas, una de las obras incluidas en el catálogo se expone en uno de los enclaves más visitados de la ciudad, la plaza frente al Seagram Building, en Park Avenue: es Untitled Lamp/Bear,un gigantesco osito amarillo con una lámpara de mesa incrustada en la espalda, producido por el artista suizo Urs Fischer.

Nueva York ha concedido los permisos necesarios para que se utilice el espacio público para poner a la venta una obra que, según ha sugerido Brett Gorvy, experto de la casa de subastas cuyo propietario es el millonario francés de la industria del lujo François Pinault, sería muy apropiado que adquiriese una ciudad como icono turístico, poniendo como ejemplo de tal función el Puppy de Jeff Koons en Bilbao. ¿Qué clase de ideales persigue una ciudad que elige un juguete como imagen monumental?

The Wall Street Journal ha revelado que el osito, que podría venderse en torno a los 10 millones de dólares, forma parte de una edición de tres; el célebre coleccionista Adam Lindemann tiene uno en su casa de Long Island, situado en un cabo donde funciona como faro, mientras que el tercero pertenecería a Steven Cohen, especulador bursátil, como Lindemann, y accionista de otra casa de subastas, Sotheby's. Los tejemanejes de estos inversores en arte quedan ejemplificados en la operación que Pinault se dispone a cerrar: fue él quien compró en primer lugar el osito que ahora se subastará, vendiéndolo a otro inversor, Aby Rosen, que al ponerlo a la venta a través de Christie's hará que el empresario francés gane una jugosa comisión que se sumaría al beneficio ya obtenido en la primera venta. Y la ciudad de Nueva York como show-room.



18.4.11

Museo Guggenheim Bilbao, enclave estratégico para Nueva York

Publicado en el blog "Y tú que lo veas", EL CULTURAL

El convenio que firmaron el Gobierno Vasco y la Diputación de Vizcaya con la Solomon R. Guggenheim Foundation (SRGF) para la gestión del Museo Guggenheim Bilbao tendría que renovarse en 2014. Con quizá excesiva antelación se ha puesto en marcha en el Parlamento Vasco una comisión de investigación para considerar si, aprovechando la renovación, deberían modificarse las condiciones de ese convenio. En la primera firma todo se hizo con un secretismo injustificado y aún hoy el texto sigue sin ser público. Ahora es todo lo contrario: hay un debate abierto en el que participan los grupos políticos y se quiere contar con la opinión de expertos en diversos ámbitos.

Las dudas se reactivaron a partir de los enfrentamientos políticos por el proyecto Guggenheim Urdaibai, que a día de hoy parece archivado. El Gobierno Vasco se oponía a esta segunda sucursal Guggenheim en el País Vasco y comenzó a cuestionar la idoneidad del acuerdo hasta ahora vigente. Criticar el modelo Guggenheim en Bilbao es como dudar de la santidad de la Macarena en Sevilla.

15.4.11

Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera

Con el puño en alto

MNCARS, Madrid
Publicado en El Cultural

El espectador crítico debería preguntarse, antes de nada, por qué se hace una exposición. No siempre tenemos acceso a las estrategias de los museos y centros de arte, o a los objetivos de las empresas o fundaciones con programas de arte. Existe a menudo un trasfondo que convendría conocer, pues determina la programación: comercial, ideológico, diplomático... El Reina Sofía no esconde el suyo. En el número 1 -ahí se quedó- de su nueva revista, Carta, el director del museo lo dejaba claro: su intención es dar cabida en el museo al “proletariado precario” generado por el “capitalismo cognitivo” de las industrias creativas, que anulan a los agentes críticos. El ideario se completa en el fatigoso texto que expone la Misión del museo en su web: uno de sus ejes consistiría en la “constitución de un (...) archivo de archivos, que no sólo sirva para cuestionar la propiedad, sino también para dar voz, y escuchar, al que no la tiene. (...) Si el sistema económico de la sociedad del capitalismo tardío se basa en la escasez, la nueva narrativa se sienta en el exceso”. Es decir, quiere narrar la historia ¿del arte? a partir de lo marginal y en base a la idea de archivo, que “incluye en el mismo nivel documentos, obras, libros, revistas, fotografías” destruyendo la autonomía estética. Con una declarada orientación ideológica.

11.4.11

El yuan es el yuan

Publicado en el blog "Y tú que lo veas", en El Cultural

"La pela es la pela", seguimos diciendo tras la llegada del euro. Lo que no decimos públicamente pero el mundo entero musita es "El yuan es el yuan". Agasajamos a los dirigentes chinos en viaje de negocios cerrando los ojos ante la intolerable represión que ejercen en su país y que, en estos días, se personifica en uno de los mejores artistas chinos, Ai Weiwei, detenido por su oposición al régimen. El mercado del arte global repite también el mantra. Christie's y Sotheby's han abierto sucursales en Hong Kong, algunas grandes galerías occidentales se han trasladado a esta ciudad o a Pekín y las ferias de arte contemporáneo chinas atraen a los galeristas que buscan salida en otros mercados a la crisis occidental.

El martes pasado se conoció el informe sobre el mercado del arte que anualmente publica Artprice. En 2010, China ha pasado a ocupar el primer puesto en las cifras globales de ventas a través de casas de subastas. Durante 50 años, Estados Unidos y Gran Bretaña habían copado los dos primeros puestos, pero el mercado chino ha batido a estos pesos pesados en poco más de una década, pues debuta con el siglo XXI. Este mercado vive un segundo boom que, a diferencia del primero (2005-2008), sustentado en el interés de los coleccionistas occidentales por el arte asiático, se fundamenta en la demanda interna. Hay, según el Hurun Report, 875.000 millonarios en China, de los cuales 1.363 son billonarios -eran sólo 24 en 2000-. Se calcula que el número se incrementará en un 20% hasta 2014, por lo que no existe miedo a un desplome de los precios. Esa élite económica busca la influencia política, y son muchos los que tienen cargos en los órganos de gobierno o de asesoría del régimen. Su compromiso “patriótico” se expresa también en el arte. La apuesta de China por el soft power o diplomacia cultural es clara desde hace unos años. A través del arte se quiere fomentar el orgullo patrio en el interior y la imagen de modernidad y apertura en el exterior.

4.4.11

El escultor en su jardín


Publicado en el blog "Y tú que lo veas", en www.elcultural.es

Hace una semana, la familia Chillida dio por cerrado el proceso de negociación para la compra de Chillida-Leku por parte del Gobierno Vasco y la Diputación de Gipuzkoa. Se hizo público que se habían ofrecido 80 millones de euros por la finca, la casa y las obras vinculadas a ellas. Yo todavía me despisto con los euros; la cantidad equivale a 13.310.880.000 de pesetas. No dudo que el precio de mercado sea mayor pero la cantidad es más que digna. Quizá la familia hubiese aceptado la oferta si ésta hubiese incluido la aceptación de sus reclamaciones; en particular la de tener derecho de veto en el patronato que se crearía para gestionar el museo. El alcalde de San Sebastián pedía aún el pasado día 31 un último esfuerzo y, con las elecciones al caer, si hubiese cambios políticos en la Diputación cabría la posibilidad de que se intentase de nuevo llegar a un acuerdo.

No sabemos qué pasará pero la reflexión sobre lo ocurrido puede verse enriquecida si se pone en el contexto de otros proyectos similares en Europa. Los museos de escultura contemporánea en espacios naturales -bosques, parques, jardines- abundan en todo el mundo, aunque en la mayoría de ellos participan diversos artistas por encargo de un coleccionista o una institución. Los monográficos son más escasos y suelen ser iniciativa de los propios artistas. Veamos algunos y revisemos cómo se gestionan.

El primero fue el Museo Rodin de París. No es estrictamente un parque de esculturas, pero sí un museo de escultura monográfico ligado a una casa y a un jardín. Un año antes de morir, en 1916, Rodin hizo una donación a la nación de todas las obras de su propiedad: varios miles de esculturas, dibujos, fotografías y archivos. Sólo pidió a cambio que se alojaran en el Hôtel Biron, un palacio del siglo XVIII con tres hectáreas de jardines en los que se instalaron multitud de esculturas. La Réunion des Musées Nationaux gestiona el museo, que acoge exposiciones de diverso tipo en las salas y en el jardín. En mayo, por ejemplo, junto a una dedicada a una obra clave de Rodin, Los embajadores, se proyectará un vídeo de Douglas Gordon.



Musée Rodin, París


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